- En verdad te amaba – pienso por enésima vez viéndote frente a todas esas cámaras y micrófonos.
En verdad añoraba todos esos pequeños momentos en los que basabas nuestras conversaciones en mentiras.
- Somos como Romeo y Julieta… – dijiste tan solo hace unos días.
Susurraste ponzoñosamente en mi oído que todo estaría bien, tu mano temblaba ligeramente mientras derramabas el vino en mis labios, yo apretaba mis parpados mis parpados haciendo de tus blasfemias mis verdades.
“Que tonta era” es lo que debes estar pensando ante la pregunta de un periodista.
Intento mirarte con resentimiento pero; ¿De qué sirve ya?
Conozco tus gestos, tus miradas y eso que irradias simplemente no puede ser tristeza, tus ojos brillan en vez de opacos…
¿Cómo no me di cuenta antes?
Yo que soñaba con nuestro renacimiento, juntos e inseparables, cuando escondías tu egoísmo entre las sombras.
Confiaba en lo barato de tus promesas utópicas y alababa tus absurdos.
- Con esto se arrepentirán y nos aceptaran – farfullaste carca de mi cuello a la par que mis ojos se cerraban, mas nunca vi tu mano precipitar el vaso a esa boca.
- Yo la amaba – te escucho declarar.
No puedo evitar soltar una risilla, incrédula a tanto cinismo.
¿Está bien que te odie por ser lo que eres o que me odie a mi misma por consentir aquello en lo que me has convertido?
Mis cuerdas vocales son amordazadas y mis brazos sujetos a ambos costados, te veo suplicando muda mente; dejes de atarme con tu mitomanía, que te liberes a ti mismo y me des mi libertad.
- Mucho se especula que; con el testimonio de la señorita su padre habría sido condenado – aguijonea acertadamente en las primeras filas una comentarista.
Ese rostro tuyo contrallándose es un poema inimaginable, los comentarios mordaces no se hacen esperar, la oscuridad de esa mirada que tanto me hacia obsesionar aumenta desfigurando tu faz tal cual sí me vieras.
- Estupideces – gritas eufóricamente – aunque fue corto el tiempo siempre le ame. – te defiendes colérico.
¿Siempre me amaste?... En esos meses en los que en tu mente solo estaban los honorarios de tus abogados, tu padre encarcelado, la lista interminable de victimas y la realidad de mis declaraciones.
¿Me amaste?
- Soy el que más llora su pérdida, yo le rogué que no lo hiciera – explotas perdido en la nada – intente convencerle de que saldríamos a delante, que la apoyaría – la hipocresía es lo que desborda en tus palabas ¿Cómo puedes sostener ese semblante triunfal?
La falsedad rueda por tus mejillas convertida en agua, me mofo ladinamente de tus escenas mal montadas…
¿Y dices que me amabas?
- Y aun así – continuas enjugando las lágrimas – y aun así murió en mis brazos.
- Y por tus manos… - completo en el silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario